Newt y Mitt llegan tarde a la fiesta

 

Reforma.- Jorge Ramos Ávalos
Ciudad de México, México | (29-Ene-2012).- 04:40 AM
Sin el voto latino, ni Newt Gingrich ni Mitt Romney podrán llegar a la Casa Blanca. Esa es la nueva regla de la política en Estados Unidos. A menos de que cambien su postura sobre los indocumentados, ambos van en camino a perder frente a Barack Obama. Entrevisté a Gingrich y a Romney, sus estilos son diametralmente opuestos.

Romney llegó por detrás del escenario y se fue por el mismo lugar sin tomarse fotos con los asistentes. Cuando respondió preguntas de la audiencia, se paró, pero nunca se movió. Casi no improvisa respuestas y la audiencia nunca se prendió. El ex gobernador de Massachusetts se mantiene siempre en mensaje. Su equipo de comunicación y de seguridad no tiene nada que pedirle al del presidente Obama. Romney se comporta casi como Presidente.

Gingrich es mucho más informal e imprevisible. Entró por el centro de la audiencia, hizo un saludo en español y antes de partir se tardó casi 20 minutos tomándose fotos con los asistentes. Disfruta el intercambio de ideas, tanto que a veces habla de más. Sabe entusiasmar a su audiencia y se conecta con ellos. Su campaña no tiene la disciplina ni el dinero de la de Romney. Y se nota: llegó con menos asistentes y guardaespaldas que Romney. Gingrich se comporta como…Gingrich.

A Romney le pregunté cuánto dinero tenía y, como suele ocurrir con la gente rica, no supo darme una cifra: “Bueno, entre 150 millones de dólares y unos 200 millones”. Luego me explicó que él no había heredado el dinero de sus padres. A pesar de que el padre de Romney nació en México, él no se considera latino: “No creo que la gente pensaría que soy honesto si les dijera que soy méxico-americano”, me dijo y agregó con humor: “Pero agradecería si se lo dejaras saber a la gente”. Romney cree que Dios hizo a Estados Unidos para liderar el mundo y así lo ha repetido. Estos comentarios no han caído bien en el resto del mundo, han sido catalogados como arrogantes e ignorantes.

A Gingrich tenía que preguntarle si no fue hipócrita el criticar y perseguir legalmente al entonces presidente Bill Clinton por su affair con Mónica Lewinsky. Cuando Gingrich era líder del Congreso él tuvo, al mismo tiempo que Clinton, una relación fuera del matrimonio con su actual esposa, Calistra. “Yo no hice lo mismo… nunca mentí bajo juramento. Nunca cometí un crimen. Y él sí lo hizo”. El asunto no es una cuestión legal sino moral. Gingrich no consideró su actitud como hipocresía.

Sabían que les preguntaría sobre su política migratoria. Muchos hispanos los ven como antiinmigrantes y antilatinos por rechazar una reforma migratoria y por oponerse al Dream Act.

Gingrich -que había acusado de “antiinmigrante” a Romney en un spot- me dijo que era una “fantasía” su plan de “auto-deportación” de indocumentados. “Mitt Romney no va a conseguir que el país acepte la idea de expulsar a abuelas y abuelos”.

Romney cree que si se implementa un programa de identificación de las personas que sí pueden trabajar legalmente y se sanciona con dureza a los que contraten indocumentados “con el tiempo, la gente (sin documentos) ya no estará atraída a quedarse aquí porque no pueden encontrar empleo: eso es lo que se llama ‘autodeportación'”.

La política migratoria de Gingrich se ha suavizado. Aunque es un fiel seguidor de Ronald Reagan -que en 1986 dio una amnistía a 3 millones de personas-, él no le daría la ciudadanía a los indocumentados pero sí la residencia a aquellos que tengan -sin cometer un crimen- más de 20 años en el país, algo novedoso. Le dije que las actuales leyes no permiten eso, me respondió: “Podemos aprobar una nueva ley que les permitiría a los indocumentados un permiso de trabajo”. Gingrich no ofrece ni residencia ni ciudadanía pero sí “un permiso de trabajo” y poco de esperanza.

Ese poquito de esperanza es lo que necesitan darle los republicanos a 12 millones de votantes latinos para no perder la próxima elección. Cualquier republicano necesita al menos una tercera parte de los votos latinos. La última encuesta de Univision, ABC y Latino Decisions indica que Obama le ganaría el voto latino a Romney (67% contra 25%) y a Gingrich (70% contra 22%). Romney y Gingrich se han tardado en entender la importancia del voto latino. Lo que han dicho en la campaña para obtener la nominación republicana les ha hecho mucho daño entre los hispanos. Y es muy posible que, aunque ahora cambien de discurso, lleguen demasiado tarde a la fiesta.

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About margaritabéldam

Maestra en Ciencia Política y aprendiz de escritora.

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