Lampedusa o la nacionalidad postmortem

Parece que la muerte se ha enseñoreado con nuestro planeta. Escribo desde un lugar en desgracia que tiene muchos muertos y desaparecidos por descubrir bajo cascadas de lodo gigantescas en que se convirtieron sus montes y laderas. Los ríos que por décadas habían sido hilillos de agua o cauces secos, se convirtieron en enormes marejadas que arrastraron todo y a todos los que encontraron a su paso.

Hay mucha gente desaparecida en mi Guerrero y en mi México. Miles más que perdieron su fuente de empleo y/o su patrimonio. Tal vez, como en toda catástrofe en nuestro país, nunca sabremos cuántos muertos y desaparecidos tuvimos con “Manuel”. En este ambiente de desgracia, llegan noticias desde Europa, la comunidad que ha mantenido -a pesar de las crisis y los problemas financieros- su status de gigante frente a los inmigrantes africanos. Europa la salvadora frente a una muerte segura por las guerras, por la falta de trabajo o por inanición, si se logra entrar a su territorio y si se puede encontrar un empleo para mantenerse a salvo.

He escrito aquí y he comentado en mi programa de radio que los medios más comunes para entrar a Europa son Melilla en África y Grecia desde Asia. Sin embargo, la semana pasada se puso en evidencia un nombre que se había convertido en un secreto a voces para los europeos, Lampedusa. Una pequeña isla que es el punto más cercano a Europa desde África en el mar Mediterráneo.

Llegar a la isla Lampedusa, territorio italiano, asentarse en los campamentos irregulares en espera de la oportunidad de adentrarse al continente. Al viejo continente con fama de rico y generoso, comandado por la poderosa Angela Merkel y sus austeros ciudadanos alemanes quienes marcan las reglas que han de regir al resto de los países europeos, que no contemplan en ningún plan la inclusión de los inmigrantes irregulares, ni siquiera la aceptación de los refugiados.

Qué es Lampedusa sino un gran cementerio submarino donde una vieja barcaza que servía de transporte a cientos de desesperados migrantes se hundió, y se llevó en las bodegas a esos polizones que pagaron su cuota a las mafias traficantes. Africanos que se asfixiaron con los ojos azorados de saber que su deseo de una vida mejor en Europa se ahogaba junto con ellos. En Lampedusa y sus aguas están los cuerpos sin vida de los migrantes a quienes Italia les concedió un día de luto nacional y la nacionalidad italiana postmortem -¿Para qué sirve a un muerto la naturalización? ¿Se la pueden heredar a su descendencia?-. Sin embargo, mi mayor duda es ¿De qué manera honraremos a nuestros muertos y desaparecidos por los huracanes Ingrid-Manuel en México?

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About margaritabéldam

Maestra en Ciencia Política y aprendiz de escritora.

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