Miguel Rivera Cruz

Es una situación excepcional la que me obliga a escribir una segunda columna sobre migrantes en la semana. Un compatriota mexicano, guerrerense de nacimiento y residente de Puebla hasta hace unos años, fue baleado durante un asalto a mano armada el día primero de noviembre cuando salía de su casa hacia su trabajo.

Miguel Rivera Cruz no se dio cuenta de que los dos hombres que rodeaban a su vecino hondureño estaban robándolo, hasta que uno de ellos se volvió hacia él con un arma y le pidió su dinero. Al recapacitar en lo que sucedía, Miguel cometió un error: quiso regresar hacia la casa y sólo logró que una bala lo alcanzara en el estómago para incrustarse en su espalda impidiéndole desde entonces cualquier movimiento en la parte superior de su cuerpo, nada más un brazo le obedece.

Me enteré de la historia de Miguel el miércoles 20 a través de los medios de comunicación que sigo en Facebook –casi todo periódico o diario tiene hoy su página-, a mí para eso me sirve abrir esta red social. Un diario digital publicó su historia con un título muy semejante a Un inmigrante hispano fue herido durante un asalto. El hecho de que se tratara del mismo grupo étnico que yo y que fuese inmigrante –mi línea de investigación- captó de inmediato mi atención sobre la nota. Nunca imaginé que iba a encontrarme dentro de la misma un hecho excepcional: Miguel Rivera Cruz es guerrerense. Oriundo, para ser exacta, de Iliatenco en la Montaña, Rivera salió muy joven hacia la ciudad de Puebla en donde radicó unos años antes de partir hacia Ohio en Estados Unidos. Todo con el afán de mejorar su situación económica, la de su esposa y sus dos hijos quienes siguen en Puebla. “Me vine, como todos, de mojado porque no es lo mismo ganar 800 o mil pesos que lo que se gana aquí. Estuve en Ohio algunos meses y después llegué a Charlotte, North Carolina porque ahí vivían mis primos. Llegué en abril de 2005 y he trabajado siempre en lo mismo, con la misma compañía”.

Aunque no lo conozco sentí el deber moral de brindarle mi apoyo con los medios a mi alcance. El mismo día en que supe de su situación, llamé a Estados Unidos –previa investigación del teléfono del hospital en que se encuentra- para proponerle una entrevista en mi programa de radio esa noche. Después de algunos intentos en que los recepcionistas me negaban hablar con él -porque estaba en terapia, porque para ellos el primer apellido es segundo nombre allá, lo que se presta a confusiones- logré contactarlo y aceptó que lo entrevistara esa misma tarde. Miguel está tranquilo y no le importa ya que sepan que es un indocumentado.

Le interesa saber qué va a pasar con la cuenta del hospital y con sus familiares, quienes dependen de él. Sus padres viven todavía en Iliatenco, Guerrero. Su esposa y sus vástagos en Puebla. Sin sus ingresos y con los enormes gastos del hospital, con pronósticos sombríos por parte de los médicos respecto a que pueda volver a moverse, el futuro de Rivera Cruz y de su familia es incierto.

Escribo esta nota con la mejor esperanza de que cualquiera que la lea pueda ayudar a Miguel en forma moral o económica. Sé que existe una oficina de gobierno para migrantes en la capital, aunque creo que su interés político se concentra en Chicago, Illinois, lugar al que viajan regularmente los políticos que buscan vincularse al grupo de guerrerense que habita allí. Sin embargo, como es el caso de Miguel Rivera Cruz, miles de paisanos están esparcidos en todo el territorio estadunidense y requieren de ayuda en algún caso especial. Recién el 5 de noviembre una familia casi completa de Cocula, Guerrero, fue arrollada y muerta en su automóvil por un ebrio. En la nota que leí, el Consulado Mexicano en California intervino para que los cuerpos pudieran regresar a su lugar de origen.

Debido a que cuento con mi programa de radio y por los artículos que publico en los diarios impresos y digitales, así como en la web, me han llegado correos electrónicos acerca de casos que sobrepasan mi capacidad de apoyo. No tengo los recursos económicos de ninguna oficina de gobierno ni el patrocinio de alguna organización para ayudar a regresar a una señora de la Costa Chica con cinco hijos americanos, sobre la que me escribía un amigo de ella. Tengo mi pluma y mi voz, que pongo al servicio de cada migrante guerrerense y mexicano que la requiera. Si usted desea contactar a Miguel Rivera Cruz, se encuentra internado en el Carolinas Medical Center en Charlotte, N.C. y está disponible por las tardes.

Anuncios

Etiquetas:

About margaritabéldam

Maestra en Ciencia Política y aprendiz de escritora.

One response to “Miguel Rivera Cruz”

  1. Julie Setbon says :

    Rapresento una empresa de traduccion en Nueva York y estamos buscando personas que hablen tanto el dialecto de Iliatenco (Tlanepaneco) como el Castellano.

    Me gustaria ponerme en contacto con Miguel Rivera Cruz y otros provenientes de Iliatenco que se fuerom por los EEUU y hable el Tlanepaneco.

    Si la person tiene experienza de interprete y habla Ingles es todavia mejor.

    Por favor llamenme at +1-212-489-6035 o manden email a
    setbon(at)iprobesolutions.com

    Cordiales Saludos,

    Julie H. Setbon

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: