Servicios de inmigración en Guerrero

En el mes de diciembre de 2013 recibí una visita inesperada. Una persona con un uniforme que parecía ser el de una empresa que me provee se acercó a mí mientras yo leía en la computadora. Estaba distraída y la pregunta era tediosa ¿conoce usted a fulanito? Giré la cabeza para ver a mi interlocutor porque no correspondía a lo que yo creí un agente de ventas. Me encontré con un señor alto, amable y pulcro que me repetía la pregunta para sacarme del ensimismamiento en que me encontraba.
Mientras reparaba en la cinta azul que sostenía el gafete que lo identificaba, repetí con voz cansina que la calle tenía números al azar y que desconocía a la persona de la que me daba el nombre y los apellidos. Aunque podría corresponder a alguno de mis vecinos le expliqué que yo los atiendo sin preguntar su nombre ni su dirección.
De pronto detrás del primer interlocutor saltó la voz de una mujer increpándome que el acento de la persona que buscaban era característico de un sudamericano, de un peruano para ser exactos y que yo debería reconocerlo. La forma en que la mujer se dirigió a mí no me gustó nada, me ordenaba implícitamente que yo supiera dónde vivía un extranjero que había ingresado al país a través de sus filtros y que les había dejado como dirección la calle donde yo vivía. Quién mejor –desde el punto de vista de los empleados del INAMI- que una persona a cargo de un negocio puede saber el paradero de un extranjero que ha escapado a su vigilancia.
Miré fijamente a la señora aguantando las ganas de decirle que hiciera su trabajo sin mí, mientras me daba cuenta que otro señor uniformado estaba dentro de la tienda. Tres empleados de la oficina de inmigración se trasladaron desde el puerto de Acapulco –donde se encuentra la delegación- tras la pista de un extranjero que se pasó de listo. No conozco a la persona que buscaban pero le advierto que, si lo detienen, lo van a transportar en una camioneta tipo Van con las ventanas enrejadas como si fuera un delincuente peligroso o en otra totalmente cerrada tipo panel en la cual llegaron al día siguiente para continuar la búsqueda.
¿Y nosotros guerrerenses, mexicanos, nos quejamos del trato que nos dan en Estados Unidos cuando una patrulla detiene a algún compatriota? Tres salarios del mismo número de agentes, desperdiciados en dos días diferentes para buscar a una persona en la calle perfecta para perderse. Además, por la manera en que se dirigió a mí la empleada de migración me imagino cómo les va a los inmigrantes irregulares en nuestro estado.
RÚBRICA
Hace unas semanas escribí acerca de un inmigrante guerrerense originario de la montaña que había sufrido un accidente. Miguel Rivera Cruz está hospitalizado en un hospital de Charlotte, NC. Escribí su historia con la intención de que alguna oficina relacionada con migrantes pudiera ayudarlo, hoy pregunto, señor Gobernador Ángel Aguirre Rivero, ante quién debo presentar la petición para que la situación de este migrante en particular sea resuelta. Tengo además, a través de mi blog, la solicitud de una señora de la costa chica con cinco hijos norteamericanos que desea regresar a nuestra patria pero que no cuenta con los recursos necesarios para hacerlo. Ambos casos competen al gobierno de nuestro estado, ¿no creen ustedes?

Publicado en http://www.angulo7.com y en http://www.verticediario.com así como en su edición impresa el 22 de enero de 2014.

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About margaritabéldam

Maestra en Ciencia Política y aprendiz de escritora.

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