Brexit o el crisol de la humanidad

La decisión del pueblo británico de salir de la Unión Europea (Brexit) tiene un costo económico, político y humano para nuestro mundo globalizado. En apariencia, en lo económico a los mexicanos nos impacta poco el resultado del referéndum e incluso el balance del voto de salida (exit) es favorable a un sector enorme de compatriotas que viven  del envío de remesas desde el extranjero. Sus ingresos se han incrementado al igual que el precio del dólar a partir de la publicación de los resultados del referéndum.

En lo político, el respeto irrestricto  a los resultados finales de las votaciones en Gran Bretaña es el aspecto más importante para mí y, tal vez, para millones de mexicanos de mi generación, quienes hemos vivido en un país marcado por el control de los resultados electorales por un partido durante la mayor parte del siglo XX, y por la protesta partidista a todo resultado desfavorable en elecciones en los últimos tiempos de la historia de México. Con apenas una estrecha diferencia de 2 o 3 puntos porcentuales entre el sí y el no a la salida del país de la Unión Europea, no ha habido protestas para volver a realizar la votación o para contar nuevamente los votos en cada casilla como ha sucedido en nuestro país. Ese respeto sin cortapisas a los resultados electorales es parte de lo que se llama una democracia consolidada, concepto totalmente contrario al de nuestra democracia desgarrada.

Hoy la polémica es grande entre los británicos. Creo que se ha generado mayor debate a posteriori que previo a las elecciones. Es probable que quienes votaron en contra de la salida pensaron que iban a ganar y ahora tratan de asimilar lo que está sucediendo en su país. Por el contrario, quienes ganaron están creando un impacto mediático negativo formidable por las acciones que ciertos grupos han realizado en contra de lo que se percibe como la mayor amenaza para ellos: los extranjeros.

Analistas de Estados Unidos minimizan la influencia de la xenofobia en el referéndum y hablan del hartazgo y de la idiosincrasia propia de los ingleses quienes prefieren ser independentes antes que seguir sometidos a los vaivenes del mayor mercado internacional. Sin embargo, en cada uno de los artículos que he leído en los diversos medios internacionales como The New York Times o The Washington Post o en las entrevistas a expertos en la estación de radio CBS de New York, el punto recurrente es el temor a los extranjeros, el odio a los inmigrantes del tercer mundo y de países de Europa del Este, especialmente a los polacos y el cierre de fronteras a todos los diferentes.

El resultado de las votaciones al Brexit es el punto culminante de un problema que se generó hace siglos: los escasos países poseedores de las mayores riquezas del mundo, que durante siglos expoliaron y usufructuaron los tesoros de todos los continentes con conquistas de lugares que no les pertenecían y que se acostumbraron a vivir en la opulencia que les brindaban las ganancias generadas en las naciones empobrecidas por la explotación forzada, se quejan porque sus hogares y sus empleos son el objetivo de las hordas de los que emigran porque no tienen ninguna posibilidad de sobrevivencia en sus lugares de origen. Es la lucha del primer mundo que posee contra el tercer mundo que tiene poco y peor distribuido.

Que la votación fue definida por la xenofobia creciente en Gran Bretaña se percibe más claramente en los actos que se están reportando por todo el territorio británico a partir de que se dio a conocer el resultado de las votaciones. Los fanáticos xenófobos están mostrando su verdadera cara y acosan a los posibles extranjeros en el transporte público, exigiéndoles salir del país inmediatamente; grandes colonias de polacos han sido amenazadas con mensajes violentos de grupos de nacionalistas organizados para intimidar. Es decir, los grupos antiinmigrantes han cobrado fuerza a partir del elemento sicológico que implica el respaldo de la mayoría de los votantes a su xenofobia.

Si el costo económico y político que tendrá el Brexit en el mundo es incalculable para todos, el costo social y humano está a la vista: ningún inmigrante –ningún extranjero con documentos o sin ellos- estará seguro en  país alguno porque los sentimientos antiinmigrantes tienen ya un lugar ganado en el mundo sin cortapisas. La xenofobia ha sentado sus reales en Gran Bretaña y tiene a la ley de su lado.

Publicado en verticediario.com y su edición impresa el 30 de junio de 2016.

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About margaritabéldam

Maestra en Ciencia Política y aprendiz de escritora.

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