SANTIAGO ROJAS. IV

SANTIAGO ROJAS. IV

Me llegó la notificación de que tenía la entrevista para la residencia permanente el 10 de marzo del 2008 y se hicieron más fuertes los  miedos. Cambié muchas cosas materiales a casa de mis familiares en caso de que fuera deportado, de que todo el sacrificio que había hecho no sirviera de nada. Me rondaban pensamientos negativos: qué iba a hacer en México sin una profesión, sería una derrota, un fracaso para mí. Pensé seriamente en no presentarme a la entrevista.

Mis temores eran fundados porque en el 2004 fui arrestado cuando había salido de fiesta con unos amigos y estaba muy borracho. Me perdí al salir del club y en mi búsqueda del camino de regreso a casa me encontré una patrulla de la policía, me acerqué a pedir ayuda y en mi borrachera no me di cuenta de que golpeé muy fuerte la ventanilla del auto. Los policías se bajaron, dijeron que estaba muy alterado, quisieron arrestarme y me resistí, me llevaron al precinto y de ahí al centro de procesamiento. Salí tres días después. Al juez le hizo mucha gracia que me hubieran arrestado porque me acerqué a pedir ayuda y sin querer me vi agresivo. Me dijo: “Hijo, vete a casa, a todos nos pasó alguna vez”. Sin embargo, el record (los antecedentes penales) se quedaba para siempre.

Parte de la vida es vencer obstáculos y miedos internos. Me presenté a la entrevista y ese mismo día me convertí en Residente Permanente de los Estados Unidos, no sin antes mencionarle a la Oficial de Inmigración (una señora como de 60 años) que había sido arrestado en el pasado por conducta desordenada. Le expliqué cómo sucedieron las cosas y me dijo: “Hijo, eres un buen hombre, así lo demuestran estos documentos. Equivocarse es parte del aprendizaje en la vida, tengo hijos y nietos que han vivido lo mismo que tú. Sigue adelante”. Me estampó el pasaporte con un sello provisional. No había estado tan feliz en mucho tiempo. El 23 de marzo de 2008 recibí mi tarjeta de Residencia Permanente. Me había jurado no volver a México si no arreglaba mi estatus migratorio… era tiempo de volver a casa.

Volví donde mi madre un 29 de abril de 2008, trece años después de mi partida. Lloré como un niño y me aferré tan fuerte como la vez que partí. Tuve la fortuna de estar el día de las madres con ella. Me sentía realizado al estar de regreso, sin deudas. Era una gran satisfacción. Mi plan era aplicar para ciudadano tan pronto pasaran los cinco años mandatorios de residencia para hacerse ciudadano, sin embargo, no se dieron así las cosas. Viajé un poco, fui a la tierra de Neruda y Allende y después pasaron los años. Tuvo que aparecer una tabasqueña linda –otra vez, el amor es el que me mueve- para que yo decidiera meter mi solicitud para la ciudadanía norteamericana. Pero ahora quería hacerlo yo solo sin la ayuda de un bufete de abogados. Ya no sentía el miedo de antes porque ahora era residente. Familiares y conocidos me decían que no lo hiciera, que me iba a equivocar, que de esas cosas no sabemos nosotros y que la iba a regar. Pero soy muy necio, insistí que no soy ningún tonto y que yo también puedo hacer las cosas y lo hice.

El 20 de diciembre de 2014 me dirigí a la oficina de correos -a cuatro cuadras de la casa- para enviar el money order de 700 dólares de la aplicación. Los perdí en el camino. En ese corto tramo perdí todo y muchas personas que me habían desalentado a realizar yo mismo el trámite de ciudadanía me repitieron que era una señal para que no lo hiciera. Yo me dije que eran los honorarios de los abogados que no había querido pagar y volví a comprar otro money order, lo envié y me fui de vacaciones donde mi tabasqueña linda por dos meses.

El 6 de enero de 2015 me avisa mi hermana que tengo notificación para presentarme el 16 de enero en las oficinas de inmigración para la toma de huellas. Se reprogramó la cita para el 19 de febrero por mi estancia en México y el primero de abril me llega la notificación para la entrevista el 17 del mismo mes. Me sentía listo. Había estudiado muy bien las preguntas de la entrevista. Los miedos se habían quedado atrás. El día de la entrevista llegó, me sentí muy cómodo y todo salió como pensé. El oficial me felicitó por mi buen inglés y por la confianza que tuve durante el examen. Salí feliz del Federal Plaza. Sólo faltaba la Juramentación y  mi Certificado de Naturalización.

El día 20 de mayo de 2015 se llegó la ansiada fecha de Ceremonia de Naturalización. A pesar de que era un día importante para mí, me sentía triste porque estaba solo, porque no tenía a mi madre ni a mi padre a mi lado para que vieran lo que estaba logrando. Tampoco estaba mi tabasqueña por quien, en el nombre del amor, me hice ciudadano.

Son sentimientos encontrados, porque con los Estados Unidos estaré siempre agradecido por darme la oportunidad de aligerar las necesidades de mis seres queridos que quedaron en México. “Si no fuera por México y por mis padres no estaría aquí” pensaba durante la Juramentación. Juré defender incluso con mi vida a mi nuevo país, juré no tenerle lealtad a otro país que no fuera Estados Unidos. Creo que al convertirme en ciudadano sacrifiqué parte de mi identidad, de mi pasado, sacrifiqué a mis abuelos y tatarabuelos, a mis viejitos. Son sentimientos encontrados porque me duele mucho lo que pasa en México y  nunca dejaré de ser mexicano.

Continuará…

 

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About margaritabéldam

Maestra en Ciencia Política y aprendiz de escritora.

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