Santiago Rojas. Conclusión

 

Santiago Rojas. Conclusión

Creo que al venirme a Estados Unidos estaba muy consciente de lo que iba a sacrificar: mi juventud, mis amigos, muchos sueños, a mi familia. A varios de ellos ya no los volví  a ver, se nos adelantaron. No sé si sea egoísta, pero últimamente me duele recordar cómo se fueron mis años de juventud trabajando y trabajando para pagar una deuda que no era mía. Esa es la razón de mi hartazgo de los gobernantes, de la clase política y de la misma gente que se dice amiga y cuando te ve caído no te tiende la mano, sino que te apuñala por la espalda. Me vine por una deuda de mi padre de 10 mil pesos mexicanos con intereses altísimos, y al pasar los años terminé pagando 35 mil dólares. No sé cuánto es eso en dinero mexicano valorado en ese tiempo, pero es un crimen, un abuso. Es triste ver cómo entre mexicanos nos abusamos y casi siempre buscamos sacar un beneficio.

Recuerdo los años en que me dediqué a pagar esa deuda. Sacaba para mi renta y para mi transporte. Me compraba ropa de la más barata y todo se iba de regreso a México. No ganaba mucho, creo que 300 dólares en 1995, pero duele darse cuenta de que hacemos ricas a personas sin escrúpulos y faltos de humanidad. No fue mi padre quien me robó mi juventud, fueron los prestamistas inescrupulosos, fueron los políticos mercaderes de esperanza que construyen castillos en el aire y cuando se van se los llevan. Hoy en día nos venden positivismo y a veces llegamos a creer que el país está estable y de la nada el dólar casi alcanza los 20 pesos, aunque diga Carstens que el peso es fuerte y rechonchito.

Tristemente creo que los problemas en México no se han resuelto, no han mejorado, más bien han empeorado a ritmos alarmantes. Cuando me vine de México recuerdo que había mucha pobreza, no sólo en Puebla, y la sigue habiendo porque así conviene a los intereses de los gobernantes en turno y de los que vengan. Pero al menos se respiraba un ambiente de calma, de que estabas seguro; podías andar en la calle a las diez de la noche sin preocuparte de que te raptaran, de que te robaran o de que murieras en un fuego cruzado. Cuando volví por primera vez en el 2008, aún se podía sentir un poco la tranquilidad, pero conforme pasaron los años noté que ya no era el mismo México. Al estar lejos se tiene más acceso a la información que dentro del país, porque la información muchas veces es vetada o la gente no habla por miedo o simplemente las casas de noticias oficiales deciden informar a conveniencia. Es  una lástima que sólo una pequeña parte del país tenga acceso a internet, si fuese diferente el “malhumor nacional” sería más grande.

No es un secreto mi descontento hacia el partido oficial de México, a pesar de que me estaba formando en él cuando era estudiante. A los 17 años me nombraron presidente de las juventudes del PRI en mi pueblito, pintaba para ser un político de rancho. Me decían que iba para grande, qué bueno que me vine, de otra manera no sería lo que ahora soy. Durante mis primeros años en Nueva York me desconecté de los problemas sociales en México. Me dediqué a trabajar y trabajar. Fue hasta el 2006 en que traté de generar conciencia desde acá pues no podía votar. Hicimos colectivos para convencer a los paisanos a que hablaran con sus familiares en México, para que se dieran cuenta de quiénes son los que nos tienen en esta situación. No logramos nada.

En el 2012 volví recargado, aunque tampoco pude votar y fue por negligencia mía porque ya no tenía excusa, podía viajar a México y tramitar mi IFE. A pesar de ello, creo que ese fue uno de los años más gratos. En ese tiempo conocí a muchos mexicanos profesionistas: doctores, ingenieros, músicos, estudiantes universitarios en la ciudad de Nueva York. Hicimos cuanta protesta pudimos cuando venía algún político. Intentamos general conciencia del voto informado. Esa es la maldición de los idealistas como yo, nos negamos a ver la realidad. Después de todo lo que hicimos para generar un cambio, fue muy triste y amarga la derrota, una decepción total. Quizás el pueblo mexicano realmente tiene a los gobernantes que merece. Lo único que me queda son las mismas ganas de que México cambie aunque ya no estoy tan activo como antes. Se hacen protestas casi cada semana frente al Consulado Mexicano en Nueva York exigiendo que paren las injusticias, que se esclarezca qué pasó con los 43 estudiantes desaparecidos y con miles más que no le importan al gobierno.

Como ciudadano de los Estados Unidos quiero estar más activo en los movimientos sociales, quiero aportar a mi comunidad y dar vuelta a la sociedad de aquí y de México. Mientras tanto por primera vez he cumplido con mi derecho y mi obligación de ciudadano norteamericano: votar en una elección primaria y en noviembre votaré para elegir al presidente o a la presidenta de la nación más poderosa sobre la tierra.

En lo personal tengo muchos planes a futuro. He vivido muchos años con mi hermana y mis adorables sobrinos pero en octubre de este año separaremos nuestros caminos. Ellos para tener un lugar y ser una familia y yo para formar la mía. Voy a solicitar la visa de prometida para mi adorada tabasqueña. Al final de cuentas, la Búsqueda de la Felicidad es uno de los derechos que respalda la Constitución norteamericana para sus ciudadanos. Además, tengo que lograr que mis viejitos vengan a conocer el producto de sus semillas que el viento trajo a Nueva York. Quiero ser capaz de cumplirle mi promesa a mi madre, una promesa que le hice al verla llorando una tarde que fuimos a la sierra a cortar leña para vender y uno de los burros corrió al momento de echarle la carga y nos dejó ahí varados.

“Algún día cuando yo crezca ya no va a tener usted que cortar la leña para vender, porque yo voy a trabajar y le voy a construir una casa grande donde no pase usted frío. Me voy a ir lejos, lejos, y cuando vuelva siempre me va a ir a esperar al aeropuerto porque llegaré en avión, viajaré por el mundo, me dejaré crecer la barba y seré abogado”. Casi todo lo he cumplido, Paula, todo excepto por lo último, aún no soy abogado. Porque la vida no es fácil, porque no todo es como yo creía, porque uno tropieza mucho por el sendero de la vida y cuesta mucho levantarse, porque hay mucha injusticia en el mundo. Pero de una cosa estoy seguro: lo voy a lograr, por tus enseñanzas en el jardín, por la entereza que me heredaste, porque soy tu reflejo, porque soy tú.

https://elblogdelmigrante.wordpress.com

 

Creo que al venirme a Estados Unidos estaba muy consciente de lo que iba a sacrificar: mi juventud, mis amigos, muchos sueños, a mi familia. A varios de ellos ya no los volví  a ver, se nos adelantaron. No sé si sea egoísta, pero últimamente me duele recordar cómo se fueron mis años de juventud trabajando y trabajando para pagar una deuda que no era mía. Esa es la razón de mi hartazgo de los gobernantes, de la clase política y de la misma gente que se dice amiga y cuando te ve caído no te tiende la mano, sino que te apuñala por la espalda. Me vine por una deuda de mi padre de 10 mil pesos mexicanos con intereses altísimos, y al pasar los años terminé pagando 35 mil dólares. No sé cuánto es eso en dinero mexicano valorado en ese tiempo, pero es un crimen, un abuso. Es triste ver cómo entre mexicanos nos abusamos y casi siempre buscamos sacar un beneficio.

Recuerdo los años en que me dediqué a pagar esa deuda. Sacaba para mi renta y para mi transporte. Me compraba ropa de la más barata y todo se iba de regreso a México. No ganaba mucho, creo que 300 dólares en 1995, pero duele darse cuenta de que hacemos ricas a personas sin escrúpulos y faltos de humanidad. No fue mi padre quien me robó mi juventud, fueron los prestamistas inescrupulosos, fueron los políticos mercaderes de esperanza que construyen castillos en el aire y cuando se van se los llevan. Hoy en día nos venden positivismo y a veces llegamos a creer que el país está estable y de la nada el dólar casi alcanza los 20 pesos, aunque diga Carstens que el peso es fuerte y rechonchito.

Tristemente creo que los problemas en México no se han resuelto, no han mejorado, más bien han empeorado a ritmos alarmantes. Cuando me vine de México recuerdo que había mucha pobreza, no sólo en Puebla, y la sigue habiendo porque así conviene a los intereses de los gobernantes en turno y de los que vengan. Pero al menos se respiraba un ambiente de calma, de que estabas seguro; podías andar en la calle a las diez de la noche sin preocuparte de que te raptaran, de que te robaran o de que murieras en un fuego cruzado. Cuando volví por primera vez en el 2008, aún se podía sentir un poco la tranquilidad, pero conforme pasaron los años noté que ya no era el mismo México. Al estar lejos se tiene más acceso a la información que dentro del país, porque la información muchas veces es vetada o la gente no habla por miedo o simplemente las casas de noticias oficiales deciden informar a conveniencia. Es  una lástima que sólo una pequeña parte del país tenga acceso a internet, si fuese diferente el “malhumor nacional” sería más grande.

No es un secreto mi descontento hacia el partido oficial de México, a pesar de que me estaba formando en él cuando era estudiante. A los 17 años me nombraron presidente de las juventudes del PRI en mi pueblito, pintaba para ser un político de rancho. Me decían que iba para grande, qué bueno que me vine, de otra manera no sería lo que ahora soy. Durante mis primeros años en Nueva York me desconecté de los problemas sociales en México. Me dediqué a trabajar y trabajar. Fue hasta el 2006 en que traté de generar conciencia desde acá pues no podía votar. Hicimos colectivos para convencer a los paisanos a que hablaran con sus familiares en México, para que se dieran cuenta de quiénes son los que nos tienen en esta situación. No logramos nada.

En el 2012 volví recargado, aunque tampoco pude votar y fue por negligencia mía porque ya no tenía excusa, podía viajar a México y tramitar mi IFE. A pesar de ello, creo que ese fue uno de los años más gratos. En ese tiempo conocí a muchos mexicanos profesionistas: doctores, ingenieros, músicos, estudiantes universitarios en la ciudad de Nueva York. Hicimos cuanta protesta pudimos cuando venía algún político. Intentamos general conciencia del voto informado. Esa es la maldición de los idealistas como yo, nos negamos a ver la realidad. Después de todo lo que hicimos para generar un cambio, fue muy triste y amarga la derrota, una decepción total. Quizás el pueblo mexicano realmente tiene a los gobernantes que merece. Lo único que me queda son las mismas ganas de que México cambie aunque ya no estoy tan activo como antes. Se hacen protestas casi cada semana frente al Consulado Mexicano en Nueva York exigiendo que paren las injusticias, que se esclarezca qué pasó con los 43 estudiantes desaparecidos y con miles más que no le importan al gobierno.

Como ciudadano de los Estados Unidos quiero estar más activo en los movimientos sociales, quiero aportar a mi comunidad y dar vuelta a la sociedad de aquí y de México. Mientras tanto por primera vez he cumplido con mi derecho y mi obligación de ciudadano norteamericano: votar en una elección primaria y en noviembre votaré para elegir al presidente o a la presidenta de la nación más poderosa sobre la tierra.

En lo personal tengo muchos planes a futuro. He vivido muchos años con mi hermana y mis adorables sobrinos pero en octubre de este año separaremos nuestros caminos. Ellos para tener un lugar y ser una familia y yo para formar la mía. Voy a solicitar la visa de prometida para mi adorada tabasqueña. Al final de cuentas, la Búsqueda de la Felicidad es uno de los derechos que respalda la Constitución norteamericana para sus ciudadanos. Además, tengo que lograr que mis viejitos vengan a conocer el producto de sus semillas que el viento trajo a Nueva York. Quiero ser capaz de cumplirle mi promesa a mi madre, una promesa que le hice al verla llorando una tarde que fuimos a la sierra a cortar leña para vender y uno de los burros corrió al momento de echarle la carga y nos dejó ahí varados.

“Algún día cuando yo crezca ya no va a tener usted que cortar la leña para vender, porque yo voy a trabajar y le voy a construir una casa grande donde no pase usted frío. Me voy a ir lejos, lejos, y cuando vuelva siempre me va a ir a esperar al aeropuerto porque llegaré en avión, viajaré por el mundo, me dejaré crecer la barba y seré abogado”. Casi todo lo he cumplido, Paula, todo excepto por lo último, aún no soy abogado. Porque la vida no es fácil, porque no todo es como yo creía, porque uno tropieza mucho por el sendero de la vida y cuesta mucho levantarse, porque hay mucha injusticia en el mundo. Pero de una cosa estoy seguro: lo voy a lograr, por tus enseñanzas en el jardín, por la entereza que me heredaste, porque soy tu reflejo, porque soy tú.

Publicado en verticediario.com y su edición impresa el 26 de julio de 2016.

 

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About margaritabéldam

Maestra en Ciencia Política y aprendiz de escritora.

One response to “Santiago Rojas. Conclusión”

  1. Lia Kerlay says :

    Una miradita a España

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