Mr. Presidente Trump

MR. PRESIDENTE TRUMP

Suelo decir o escribir las cosas para conjurarlas, para evitar que sucedan, como si tuviera una capacidad extraordinaria para influir en el futuro. Esta vez eran muchas las señales de lo que pasaría que decirlas o contarlas no impedirían los sucesos. Y sucedió. Donald Trump es el presidente electo de Estados Unidos. Lo supe cuando vi salir a Ivanka, su hija, impecablemente vestida, totalmente confiada, a respaldar a su padre. Creo no exagerar cuando digo que la contienda se definió ahí. ¿Qué ciudadano norteamericano blanco, educado o no, con poder adquisitivo o no, se resistió a la imagen y a las palabras de esa joven oradora? ¿Por qué Chelsea no hizo lo mismo con su madre en la convención demócrata, para equiparar fuerzas?

El triunfo de Trump me afecta tanto como a cualquier ciudadano mexicano o del mundo que ignora con certeza cómo va a funcionar el mandato presidencial de quien utilizó sin ambages toda clase de insultos y que expuso cualquier tipo de prejuicios en contra de quienes considera sus enemigos. No creo que enojarme o compadecer a los norteamericanos por lo acontecido el martes 8 en las urnas solucione algo a estas alturas del juego.

Cada pueblo tiene el gobierno que merece y Estados Unidos merece a un Donald Trump que le ofreció acabar con lo que más miedo le da: los latinos indocumentados, las mujeres en el poder –Hillary Clinton como ejemplo-, los homosexuales, los afroamericanos y los musulmanes. Todos esos grupos fueron incapaces de dejar de lado sus diferencias y de agruparse para impedir que su enemigo electoral ganara. No pudieron convencer a quienes no estaban seguros de por quién iban a votar y dejaron al azar –al voto de los cinco estados columpio- la definición de la contienda más importante de nuestros tiempos.

No toda la culpa es del partido demócrata por la selección de su candidata, ni toda la culpa es de Barack Obama con sus dos mandatos de mucho protagonismo y poca política, Trump debe agradecer a las tendencias políticas internacionales que inclinan la balanza de los pueblos receptores de inmigrantes hacia el ámbito ultra conservador. Este triunfo del partido republicano podía ser previsto desde el resultado de la consulta del Brexit en Reino Unido y a partir del crecimiento de los grupos de ultraderecha en Francia y en Grecia, por ejemplo. Lo he dicho en artículos anteriores: la tendencia en Europa y en Estados Unidos es la de nacionalismo a ultranza con grandes dosis de racismo y xenofobia.

Su triunfo pudo ser previsto cuando sus slogans lograron mover y conmover al amplio sector de la población blanca empobrecida que se ha sentido desplazada a lo largo de ocho años de política demócrata con mucha palabrería a favor de los indocumentados y afroamericanos –la

cual no ha sido suficiente para impedir las deportaciones masivas ni la muerte de negros desarmados a manos de la policía-. Lo imprevisto de esta elección fue el vuelco electoral de la clase blanca joven, con poder adquisitivo y alto nivel educativo que apuesta también por un político novato y estridente. El color llama, podría parafrasearse el dicho. ¿Cuál es el aliciente, en cambio, del alto porcentaje del electorado de otras razas o de las mujeres acosadas para votar por Trump? ¿Qué los identifica con él para traicionar a su gente o a su género?

No podemos prevenir qué de lo prometido en campaña logrará cumplir Trump, por eso no me parece tan amenazante su triunfo: el muro está construyéndose desde hace mucho y nada vale cuando un migrante quiere cruzar, las deportaciones no pueden ser más numerosas que las que ha logrado Obama en ocho años, el peso se devaluó sin que Trump tome protesta, hay afroamericanos muertos a cada rato en manos de la policía durante el mandato del primer presidente negro.

Mi esperanza es que la estridencia de la campaña del republicano pueda dar paso a un mandato –dos tal vez- de política sensata, como cuando el rebelde de la clase se transforma para bien al obtener una encomienda importante. Por eso no temo al comportamiento de Trump presidente, existen formalidades y reglas que tiene que cumplir como lo demostró en su primer discurso; temo a las secuelas que pueda tener en la idiosincrasia norteamericana a mediano plazo y que los perdedores no puedan superar su pérdida –aunque en ello se hayan enfocado los discursos de Clinton y Obama el miércoles- y que los ganadores se solacen en su triunfo. Tal vez estoy minimizando los daños futuros, discúlpenme, yo no voté por Trump.

Publicado en verticediario y su edición impresa el 10 de noviembre de 2016.

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About margaritabéldam

Maestra en Ciencia Política y aprendiz de escritora.

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