El ocaso de la República

El ocaso de la república

Leo regularmente a Paul Krugman, el editorialista del diario norteamericano New York Times ganador del Premio Nobel de Economía en 2008. Me parece que su opinión sobre los acontecimientos económicos y políticos, no sólo en Estados Unidos sino en el mundo, es una voz digna de ser escuchada. Krugman es un profesor de economía de Princeton convertido en columnista con tendencias demócratas. Su mayor cualidad es, creo, su independencia que lo diferencia de otros periodistas quienes se involucran tanto en el medio político para conseguir información de los actores en las diversas esferas de la política norteamericana que terminan por depender en forma total de lo ellos puedan brindarles y son corrompidos. Krugman no está exento pero, como académico, en apariencia ha podido mantenerse al margen de los vaivenes a que son sometidos los editorialistas vulnerables a la retención de información por parte de sus fuentes.

Tengo que admitir que el editorial de que trata esta columna How republics end apareció en inglés desde diciembre 19  y no lo leí en su idioma original sino hasta ayer que el NYT posteó la versión en español El fin de las repúblicas. Me sumergí en la lectura del análisis que Krugman hace de la situación política que prevalece en Estados Unidos y en el mundo a partir del triunfo del presidente electo Donald Trump. Al igual que yo lo hice en los días inmediatos posteriores a la elección, Krugman escribe sobre el deterioro de la sociedad y de la democracia norteamericana como la causa y no el efecto del triunfo de Trump. La pérdida de valores fundamentales entre los grupos políticos está llevando a la democracia norteamericana a un punto de derrumbamiento que Krugman equipara con el colapso de la República romana.

En Roma, la ambición por el poder sometía a los gobernantes a una competencia feroz pero jamás dejaron de lado el principio básico de mantener el bien de la república por encima de todo. La derrota política o la decepción personal ante los sucesos políticos nunca fue pretexto para que algún romano en las esferas de poder llamara a una potencia extranjera. Roma era para y de los romanos.

La editorial del NYT del 19 de diciembre, en cambio, expresa dos puntos importantes para la política mundial en tanto que Estados Unidos continua siendo la potencia hegemónica. El primero, la intrusión de Rusia en asuntos previos a y en la propia elección norteamericana, a petición del presidente electo con la aprobación tácita de su partido, el republicano. ¿Cuán grave puede ser la transformación de la situación política norteamericana para que uno de los candidatos a presidente llame a Rusia su antiguo gran rival -gobernado por un líder nefasto que repuntó su popularidad gracias a ello- para calumniar a su oponente y para intervenir en las elecciones?

El segundo punto es el pronóstico del fin de la democracia estadunidense como se le ha conocido durante la segunda parte del siglo XX y principios de éste para dar paso a una república fascista con fachada democrática donde un solo partido, el republicano, llevará la batuta. “…Un Estado que mantiene la ficción de la democracia, pero que ha manipulado de tal manera el juego que el bando contrario nunca pueda ganar”.

Krugman brinda el ejemplo de Carolina del Norte donde, además de presidente de Estados Unidos, se eligió al gobernador del estado en noviembre pasado. El candidato demócrata Roy Cooper venció por apenas 10,300 votos o el 0.2% de la votación al candidato republicano Pat McCrory. En un estado controlado a todos los niveles por el partido conservador, que además fungió como determinante en el triunfo de Trump a nivel nacional, la derrota de su candidato es un fracaso estrepitoso que no iban a dejar pasar fácilmente. Si bien no pudieron anular la elección, en arreglos de última hora el gobernador saliente respaldado por los legisladores firmó una serie de leyes que socavan el poder del nuevo gobernador Cooper, y con ello se aseguró “de que la voluntad de los votantes no importara en realidad”. El bien común de la República sometido a las reacciones viscerales de los hombres en el poder.

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About margaritabéldam

Maestra en Ciencia Política y aprendiz de escritora.

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