Día de inauguración

DÍA DE INAUGURACIÓN

Con un índice de aprobación entre el pueblo norteamericano del 45% -Barack Obama obtuvo más de 70%- inicia el primer periodo de Donald J. Trump como presidente de Estados Unidos de América. El viernes 20 de enero, seguí en vivo la inauguración con la secreta esperanza de que algo impidiera que Trump jurara como mandatario. Ningún complot al estilo Hollywood apareció por ningún lado y sólo restaba atestiguar el primer día de resistencia por parte de las organizaciones sociales que se manifestaron en las calles del centro de la ciudad de Washington. Las calles de la capital se convirtieron en campo de batalla entre los manifestantes y la policía. Se podían ver a los agentes del orden con todos sus implementos de resguardo y de ataque arremetiendo contra los grupos de ciudadanos desarmados. Las revueltas fueron acalladas con bombas de gases lacrimógenos, con golpes y resultaron con el arresto de decenas de manifestantes.

¿Cuánto pueden haberse equivocado las masas, que permitieron que ganara alguien indeseable? ¿O cuánto falló Barack Obama para que Clinton, su sucesora, no pudiera continuar su legado demócrata? ¿O cuánto invirtieron los grupos conservadores y los súper-ricos para lograr que uno de ellos, el más irreverente, pudiera llegar a la presidencia? ¿Dónde están ubicados esos caballeros de las inmensas fortunas que mueven al mundo en el podio donde Donald Trump está tomando protesta con su mano sobre la biblia sostenida por Melanie? Los multimillonarios no necesitan mostrarse, como no lo han hecho antes, salvo contadas excepciones. Su trabajo de cuatro décadas previas está culminado hoy: el poder del dinero por encima de todo. La toma de protesta es el homenaje que rinde Trump a los inversionistas, a los que nunca pierden, a los que, como él, están exentos de impuestos porque esos están pensados para las mayorías.

Los hilos que mueven el mundo de la política no son sólo políticos, son esencialmente económicos en el día de inauguración 2017. Tal vez los manifestantes creen que se trata de participar, de sublevarse, de rebelarse. Por supuesto las protestas no sobran y serán bienvenidas a lo largo de estos años, pero el lazo se ha cerrado alrededor de nuestros cuellos y las mayorías lo ignoramos. La maquinaria para transformar nuestras idiosincrasias, para alterar nuestras percepciones del mundo adaptándolas a los intereses de quienes poseen miles de millones, ha estado trabajando desde tiempo atrás, callada y constante no sólo en Estados Unidos sino en el mundo, sin que nos demos cuenta, sin que podamos evitarlo.

El sábado 21 de enero las mujeres son quienes dan la nota en contra del gobierno de Donald Trump en The Women’s March. Uno de los grupos más vulnerados, el más vulnerable, se ha

congregado en Washington al llamado de representantes reconocidas en varios ámbitos. Hay feministas consagradas como Gloria Steinem, actrices como América Ferrara y Scarlett Johansson y mujeres de a pie llamando a sus congéneres a no desfallecer, a mantenerse activas frente a quien las ha abusado con sus palabras y con sus hechos y que avasallará sus escasos derechos desde la presidencia. Los discursos son apasionados y ardientes en esa mañana fría copada de gorros color rosa mexicano, los “pussyhats”. Las frases son contundentes: “Ni Trump ni el gobierno son Estados Unidos, nosotros somos Estados Unidos y estamos aquí para quedarnos”.

Primero y segundo días de protestas, de lucha, de resistencia al regreso triunfal del partido republicano al gobierno federal norteamericano con mayorías en el Congreso y en el Senado listas para revertir todo lo favorable a los que menos tienen, para derogar las leyes destinadas a proteger los derechos de las minorías y para adaptar por completo la maquinaria gubernamental a los intereses de los pocos, del .01% que posee billones de dólares. Todo está preparado para que las élites plutócratas gobiernen sin caretas porque uno de ellos está al mando del país, respaldado por opulentas fortunas nunca antes más satisfechas ni mejor representadas. ¡Salve, César!

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About margaritabéldam

Maestra en Ciencia Política y aprendiz de escritora.

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