SUPREMACISTAS O LA VICTIMIZACIÓN DEL ODIO

SUPREMACISTAS O LA VICTIMIZACIÓN DEL ODIO

Después del saldo negativo –por el ataque en auto a la marcha de contraprotesta y sus víctimas- del Rally en Charlottesville, Virginia, en Estados Unidos, los dirigentes del movimiento supremacista blanco vuelven a sus lugares de origen con ánimos renovados. Saben que es momento de aprovechar el impulso implícito que les ha proporcionado el arribo de Donald Trump a la presidencia, para desplegar sus fuerzas y acercarse a su objetivo: formar un país de raza blanca en el norte de América.

He sostenido en este espacio que el caldo de cultivo para el odio y las confrontaciones de blancos supremacistas hacia razas diferentes que ellos, inferiores desde su punto de vista, como los hispanos o afroamericanos, estaba servido para que uno de los suyos llegara a ser su presidente. No se puede negar que Trump ha consolidado una época que se augura temible por las consecuencias de los actos cada día más visibles no sólo de supremacistas sino de racistas que se han sentido menospreciados durante varias décadas en las cuales tenían que esconderse para expresar sus verdaderos sentimientos. Hoy han saltado a la vida pública con el enojo que habían condensado tras años de disimulo. Desde luego que el racismo, el nazismo y las tendencias fascistas y nacionalistas no son nuevas. Existen teorías que los justifican, en las cuales se asientan sus ideologías y movimientos, pero esta época de tecnología de punta permite compartir toda clase de material gráfico, de audio y de video a través de la red para la rápida expansión de sus ideas.

La página de Identity Europa –una organización de supremacistas descendientes de europeos radicada en Estados Unidos- es un ejemplo claro de cómo están usando internet para hacerse publicidad y lograr adeptos. La bienvenida la da un manifesto en donde se declara que su libertad de expresión ha sido coartada en la última semana desde el Rally en Charlottesville. Lamentan que varias plataformas en la red han cancelado o suspendido sus cuentas y la de otras organizaciones pro-Blancos. Se declaran víctimas de un sistema anti-Blancos y de intereses políticos que tratan de acallar su odio hacia los inferiores. Apelan a sus derechos civiles y demeritan el derecho legal que las compañías propietarias de las plataformas tienen para impedir que sus sitios sean utilizados para difundir contenido violento, denigrante o racista y, en un apartado denominado Censura, presentan un muro de la vergüenza que contiene los nombres de las compañías de internet que los han censurado por la violencia de sus materiales, como Facebook, Amazon, Twitter, Instagram, YouTube y Spotify por citar las más populares.

Una parte muy importante es la sistematización de su ideología, con una biblioteca integrada por una treintena de links hacia textos que apuntalan la idea de que los blancos son mejores. En el rubro de Educación encontré 20 páginas con el nombre de “El color del crimen” de E. Rubenstein, edición revisada de 2016, inundadas de cifras, gráficos y cuadros que “demuestran” entre otras falacias que “si la Ciudad de Nueva York fuera totalmente blanca, la tasa de asesinatos caería en un 91%, los robos en un 81% y la tasa de tiroteos en 97%”, porque “los afroamericanos son proclives a la violencia en una proporción de hasta 31 veces más que los blancos, mientras los hispanos poseen una tasa de probabilidad de ser arrestados por violencia de 12.4 frente a los de raza blanca”.

Copio parte de su descripción de quiénes son “Somos una generación –muy joven, debo anotar, según la foto que acompaña el texto- de europeos despiertos que han descubierto que somos parte de grandes pueblos, de la historia y de la civilización del continente europeo. Nos oponemos a aquellos que difaman nuestra historia y nuestra rica historia cultural. En una época en donde otros pueblos están asegurando su identidad, no tendremos oportunidad de resistir a nuestra desposesión.” La organización se asume como víctima de un sistema que los rechaza y los despoja de su derecho a reivindicar su herencia racista, una discriminación positiva donde no se les permite odiar a su antojo y eliminar al objeto de su odio. Olvidan que ellos han sido los ejecutores en los eventos más sangrientos de la historia, jamás las víctimas. El escenario norteamericano está puesto para que sus reivindicaciones encuentren eco.

Publicado en verticediario.com y su versión impresa el 23 de agosto de 2017.

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About margaritabéldam

Maestra en Ciencia Política y aprendiz de escritora.

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