DEREK BLACK

DEREK BLACK

Sumergida durante dos tardes en el mundo de los blancos racistas, klanmen (KKK), supremacistas, nacionalistas, fascistas, nazis y neonazis con motivo de la investigación de mi artículo anterior para esta columna, encontré una historia interesantísima sobre una familia ejemplar entre estos grupos.

Don Black y su esposa Chloe tuvieron en común un hijo a finales de los ochenta al que llamaron Derek. (Noten la ironía, la familia en cuestión se apellida Negro, esa raza con la que no quieren convivir). Los padres, ambos, tienen toda la vida de militar en comunidades racistas. Ella había sido esposa de uno de los más prominentes líderes del Ku Klux Klan, David Duke quien se convertiría en el padrino de su hijo. Don, por su parte, después de ser supremacista ha suavizado su fanatismo convirtiéndolo en nacionalismo blanco –en apariencia dos conceptos distintos- y fundó uno de los sitios web más importantes sobre el tema, Stormfront.com, nombre el que mantiene al aire un programa de radio.

Derek se convirtió pronto en un proyecto político de la familia. Desde su temprana infancia acompañó a su padre a sus viajes al Deep South (Sur Profundo) en busca de lugares aislados o sólo habitados por blancos para evitar convivir con latinos y judíos que pululaban en el barrio donde vivían en una ciudad del estado de Florida. A los diez años, Derek creó su propio sitio web para pequeños como él y estuvo con su padre en el programa de radio durante casi una década. Al salir de la preparatoria, en un adelanto de lo que su futuro le deparaba, Derek se presentó a las elecciones del condado por el Partido Republicano y ganó el escaño con un 60% del voto de los blancos conservadores.

Por esa misma época decidió salir de casa para estudiar en una universidad distante a tres horas de camino. Un colegio liberal donde todos los alumnos eran un poquito raros y donde el radiante color zanahoria en su largo cabello copado con un sombrero negro texano no llamaba la atención. Derek mantuvo un perfil bajo para no descubrir sus tendencias supremacistas y empezó a convivir con aquéllos que siempre criticó pero jamás conoció antes: judíos, afroamericanos, hispanos y asiáticos. Realizó lecturas importantes y se dio cuenta de que el mundo no es como sus padres y su grupo cerrado de racistas le habían contado.

Cuando ya sus creencias flaqueaban, la comunidad estudiantil de su universidad devela su verdadera identidad y lo rechaza, aislándolo. El mundo que recién está descubriendo se vuelve hostil. No obstante, gracias a la intervención de un antiguo conocido de ascendencia judía ortodoxa, un pequeño grupo de estudiantes le abre las puertas para que se reúnan cada viernes

con el claro propósito de mostrarle que todas las razas y credos pueden convivir sin hacerse daño. Al cabo de varios meses de asistencia voluntaria, Derek, el hijo pródigo de los nacionalistas blancos, decide –sin consultar a sus padres- escribir una carta donde se deslinda de todo aquello que hizo y dijo en sus años de juventud y de infancia y pide disculpas por el daño que pudo hacer a cualquier persona.

La desilusión se apodera de su padre. Su madre y sus medias hermanas lo rechazan por su traición. Sin embargo, el joven Derek mantiene sus nuevas creencias y las ratifica en diferentes medios de comunicación de prestigio internacional como The New York Times o The Washington Post a quienes ha concedido entrevistas y donde ha firmado artículos con su nombre (Why I left White Nationalism, Por qué dejé el Nacionalismo Blanco) explicando a fondo las razones de su inesperado cambio de postura frente a la vida.

En la actualidad se encuentra estudiando una maestría sobre la Edad Media en alguna universidad y no quiere recordar su pasado, aunque su pasado lo persigue. Sigue siendo el hijo del más irredento nacionalista blanco que lucha desde sus trincheras contra “la masiva inmigración que disolverá a la raza blanca”, que no confía en el gobierno y que sigue gritando consignas pro-blancos en su programa de radio cada mañana, ahora sin la compañía de su unigénito. Parece que hay una esperanza en el estéril mundo del odio y del rechazo supremacistas.

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About margaritabéldam

Maestra en Ciencia Política y aprendiz de escritora.

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