Trump, traidor

Trump, traidor.

Con esta frase en inglés (TraitorTrump) y el hashtag #Enciérrenlo (#Lockhimup) proyectadas sobre un edificio de gobierno federal en San Francisco, las protestas contra el POTUS (President of the United States, Presidente de los Estados Unidos) Donald Trump continúan en el país vecino. La ira de los medios de comunicación, de los ciudadanos en general, de sus seguidores y aún de sus copartidarios republicanos tiene una base muy sólida, a la que Trump ha tratado de dar vuelta en Twitter con desparpajo primero y con puro entusiasmo después.

Durante la cumbre de Helsinki, Finlandia, donde se reunió a puerta cerrada con el líder ruso Vladimir Putin –sólo con dos intérpretes- se generaron suspicacias sobre los temas que abordaron. Sin embargo, la grave ofensa que ha tornado la arena pública de Estados Unidos en un campo de batalla contra Trump como enemigo común, fue la conferencia de prensa que dieron los dos mandatarios al terminar su encuentro privado. Trump se convirtió en vasallo de Putin al momento en que los medios los interrogaban sobre lo sucedido en las comicios norteamericanos de 2016.

El presidente norteamericano eximió a Rusia de toda injerencia en las elecciones expresando que, aunque tenía toda la confianza en sus servicios de inteligencia, Putin había sido muy poderoso en su negativa a una posible intromisión. Es decir, privilegió el dicho del ruso frente a las investigaciones realizadas por sus agencias, las que concluyeron que los rusos intervinieron activamente para que ganara el republicano. Una situación lógica si se toma en cuenta que su legitimación estaría en juego si acepta que Rusia lo ayudó a vencer a Hillary Clinton.

La actitud de Trump, de servilismo frente al líder ruso, ha hecho pensar a los analistas y a la prensa que Putin tiene algún tipo de material que lo compromete y lo está usando para controlarlo. Es posible, pero el desempeño de Trump en Finlandia y sus posteriores maniobras para rescatarse del golpeteo mediático han sido resultado de su ya conocida personalidad egocéntrica y del desdén que muestra hacia los procedimientos diplomáticos de su investidura y hacia el pueblo norteamericano. Elegido hace casi dos años por una ciudadanía deseosa de cambiar la política carismática de Barack Obama por una más agresiva que “volviera a Estados Unidos GRANDE otra vez”, Trump ha demostrado ser un CEO o gerente con una activa participación en Twitter. Allí es donde se desahogan los puntos nodales de su política, donde descarga en forma personal y sin filtro sus estados de ánimo y donde incluso ha realizado cambios en su gabinete.

Al ver la reacción de los medios y de sus conciudadanos a sus declaraciones sobre Rusia y Putin, Trump rectificó y trató de que sus frases fueran tomadas como una doble negativa que se convierte en una frase positiva. Todo un juego de palabras para recuperar su escaso prestigio frente a la comunidad nacional e internacional: Why wouldn’t be Rusia instead of why would be Rusia? ¿Por qué no habría de ser Rusia -quien tuvo injerencia en las elecciones? para suprimir su primera respuesta de ¿Por qué habría de ser Rusia -quien tuvo injerencia en las elecciones? Una tontería que puede ser desmentida si se revisa el video de la conferencia en YouTube y que parece la respuesta de un niño a la exigencia de los padres a que diga la verdad. No es en vano que en varios países europeos se ridiculiza al POTUS con un globo en forma de bebé con pañal y chupón, el Baby Trump balloon.

Al constatar que sus esfuerzos por rectificar sus declaraciones sólo han incrementado el fuego ciudadano, recordó que el respaldo de sus seguidores lo ha salvaguardado de situaciones similares al negar los hechos con entusiasmo y culpando a la prensa de ser vendida. El martes por la tarde escribió un último tuit sobre el tema “En tanto tuve una gran reunión con la OTAN, recaudando vastas cantidades de dinero y una mejor reunión con Vladimir Putin de Rusia, tristemente no se reporta de esa manera. Las noticias falsas se han vuelto locas”.

Cuánto daño hacen las personalidades desbocadas de quienes llegan a un puesto tan alto y con tanto poder que es casi imposible que escuchen a algún asesor o el dictado del pueblo al que en teoría tratan de servir. Pongamos nuestras barbas a remojar.

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About Margarita Bello Damián

Maestra en Ciencia Política y aprendiz de escritora.

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